Marco Lavagna en el INDEC: balance de su gestión y la tensión con el gobierno de Milei que marcó el final

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La etapa de Marco Lavagna al frente del INDEC cerró un ciclo de varios años de conducción relativamente estable en el organismo estadístico, pero su salida quedó atravesada por una diferencia clara con el gobierno de Javier Milei en el tramo final de su gestión.

Aunque su reemplazo ya formaba parte de un recambio que se daba por hecho, el desacuerdo por la actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC) expuso, una vez más, la dificultad de mantener separados los tiempos técnicos de las necesidades políticas.

Su llegada al INDEC

Lavagna había asumido la dirección del Instituto Nacional de Estadística y Censos en diciembre de 2019, con el objetivo de sostener la normalización del sistema estadístico y reforzar la previsibilidad en la publicación de datos.

Durante su gestión, el INDEC difundió de manera regular indicadores centrales como inflación, pobreza, empleo y actividad económica, en un contexto especialmente complejo marcado por la pandemia, la posterior recuperación y una economía con fuertes desequilibrios. Su perfil fue el de una conducción más enfocada en la continuidad de los equipos técnicos que en la exposición pública.

A lo largo de esos años también se avanzó en revisiones metodológicas habituales en cualquier instituto de estadísticas. Entre ellas, una de las más relevantes fue la actualización de la canasta y las ponderaciones del IPC, un proceso que busca reflejar los cambios en los hábitos de consumo de la población y evitar que el indicador quede desfasado respecto de la realidad. Técnicamente, se trataba de una tarea planificada desde hacía tiempo y considerada necesaria por los especialistas del organismo.

Caputo Milei

La tensión surgió en el último tiempo, ya con la gestión de Milei en la Casa Rosada, en torno al momento de poner en marcha esa nueva metodología. Desde el Gobierno se evaluaba que introducir un cambio en la medición de la inflación «en plena etapa de desaceleración de los precios podía generar confusión» en la comparación con meses anteriores y afectar la lectura pública de la evolución inflacionaria. Desde el lado de Lavagna y su equipo técnico, en cambio, la postura fue que los calendarios metodológicos deben sostenerse con criterios profesionales, aun cuando el contexto político no sea el más cómodo.

Sin sobreactuar el conflicto, lo cierto es que esa diferencia de enfoques marcó el clima del cierre de su gestión. Para quienes defienden la autonomía técnica del INDEC, la posición de Lavagna apuntaba a preservar reglas estables y previsibles en la producción de estadísticas públicas, un aspecto sensible en la Argentina por su historia en materia de credibilidad de los datos. Del lado oficial, la prioridad pasaba por administrar los tiempos de los cambios en un momento económico delicado.

En balance, la gestión de Marco Lavagna combinó continuidad operativa, avances metodológicos y un perfil de bajo ruido político. Su salida, en el marco de tensiones concentradas sobre todo en la etapa final del gobierno de Milei, volvió a poner sobre la mesa una discusión de fondo que excede a los nombres propios: cómo garantizar que las estadísticas oficiales conserven criterios técnicos consistentes incluso cuando sus resultados tienen impacto directo en el debate político y económico.

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