La consolidación de los sectores agro-mineros y la fractura del consumo

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El mes de febrero se realiza la primera revisión del FMI, a consideración del préstamo por 20.000 millones de dólares. Ahora la clave está puesta en el mes de marzo. Este cierre de primer trimestre empalma con la liquidación de divisas de cereales y oleaginosas. ¿Aportará los suficientes recursos dado el contexto de precios bajos a nivel internacional? ¿El Gobierno tendrá que devaluar o volver a realizar alguna medida al sector exportador? No lo sabemos, pero todo depende de los recursos necesarios para afrontar la demanda interna de dólares y los vencimientos de deuda. No tomamos en consideración los recursos para importaciones, pago de intereses o giro de utilidades y dividendos.

¿Puede haber un dato extraordinario que mejore esta situación actual de la economía nacional? En la escalada de conflictos a nivel mundial siempre se precisan alimentos y energía. Argentina cuenta con las dos, pero eso, ¿resolverá los problemas salariales y de empleo actuales? No: esta semana del docente Germán Saller (UNLP), profesor de Macroeconómica y Política Económica (UNAJ), público el informe “Monitor del salario del docente universitario”, que dice:

De los 25 meses que nos pagó el Gobierno Nacional desde diciembre de 2023 hasta el mes de diciembre de 2025, si hubiéramos querido consumir y llevar el mismo nivel de vida de noviembre de 2023, el dinero sólo nos hubiera alcanzado hasta el mes de mayo de 2025, ES DECIR, NOS QUITÓ LA REMUNERACION DE 7 MESES DE TRABAJO”.

La precariedad social y salarial es la norma, por eso no alcanza un solo trabajo y vemos un egresado de Comunicación Social (UBA) atendiendo en una panadería, otro psicólogo de la (UBA) en un bazar para complementar sueldo; y otros que están emigrando. La fuga de cerebros es un hecho. La desarticulación del sistema universitario se consolida e impacta de lleno en el sistema científico tecnológico argentino.

La contracara de la economía argentina

La contracara son tres datos para seguir este primer trimestre:

  • 1. Compraventa de billetes y divisas sin fines específicos del sector privado no financiero.
  • 2. Las inversiones directas.
  • 3. Cartera de no residentes.

El primero, es que a partir de 2024 hasta noviembre de 2025 acumuló una transferencia de recursos por 28.203 millones de dólares, la más alta del siglo XXI, ni comparable a la crisis subprime (2008/09). Superó apenas el dato del año 2019, que se caracterizó por devaluación y caída de depósitos. Actualmente no estaría ocurriendo la caída de depósito, todo lo contrario. ¿Atesoramiento? ¿Qué expectativas tendrán los agentes económicos con capacidad de comprar de billetes y divisas?

El segundo dato: para el mismo período dio una salida de inversiones de no residentes del país por 1.333 millones de dólares. Empresas que liquidan sus activos y salen del país, dejando el negocio al capital local u otro averso al riesgo.

Lo llamativo fue el tercer dato. Las inversiones de cartera (financieras) de los no residentes que dieron un saldo positivo, para el periodo en cuestión, en 1.276 millones de dólares. Octubre del 2025 fue el mes de ingreso más alto de esta gestión, en 1.924 millones de dólares. Un cuarto dato que contextualiza la situación son el giro de utilidades y dividendos, que están en niveles muy bajos, comparado con otras gestiones.

Hasta acá estos datos nos pintan el panorama económico difícil, pero sumemos dos datos más. Uno salió esta semana y fue la caída del 8,7% de la producción industrial, la capacidad instalada industrial en el nivel más bajo desde diciembre de 2023. El otro dato necesario para complementar el escenario industrial es el sector de la construcción y su despacho de cemento: según el informe del departamento de economía y estadísticas de ORIEL SRL, en diciembre el despacho de cemento fue de 758.883 toneladas, más bajo que el año de pandemia, que fue de 993.782 toneladas. Ese es el termómetro para saber el desempeño del sector.

El sector agropecuario

No obstante, no todo son malas noticias, el sector agropecuario que se divide en dos: agrícola y pecuaria. El sector pecuario dio un paso firme en este comienzo de 2026. Por un lado, se consolida su posición en el comercio de carnes a la UE, entre sus socios del Mercosur.

Es importante seguir el acuerdo UE – Mercosur. El acuerdo asigna al Mercosur un cupo anual de 99.000 toneladas equivalente a carcasa — aproximadamente 76.000 toneladas peso producto—, el cual se implementaría de forma gradual a lo largo de los próximos cinco años. Dicho cupo estaría sujeto a un arancel intracuota del 7,5%, frente a un arancel consolidado fuera de cuota cercano al 50%, donde se consolida la posición ganadera argentina. En otro espacio donde mejoro su posición, según el informe ganadero, fue con la cuota impuesta por China. El mayor efecto de esta medida recae sobre Australia y Brasil.

Los cupos asignados a la Argentina (511 mil toneladas iniciales) no solo permiten sostener un flujo significativo de envíos a dicho destino, sino que, además, como consecuencia de la tensión generada por las restricciones impuestas a otros proveedores, los precios pagados por este mercado han registrado un incremento relevante en lo que va del año.

El segundo ganador en estos últimos años es la minería, que desde 2021 creció en participación en las exportaciones nacionales: pasó de 4,2% (2021) al 6,9% (2025). Este pico supera a los de 2017, 2012, 2010 y 2006. En términos de divisas pasó de aportar unos 2.800 a 5.510 millones de dólares, entre 2021 y 2025, respectivamente.

Volviendo al acuerdo Mercosur-UE, para una breve conclusión según la BCR, “la concreción de ambos acuerdos, enmarcada en una concepción política de clara apertura comercial, no solo impactaría en una reducción progresiva de aranceles que torne más competitivo al producto local y facilite la transmisión de ese beneficio a lo largo de toda la cadena productiva y comercial, sino que además permitiría proyectar para la carne argentina un escenario de mayor certidumbre, previsibilidad e incentivos para la inversión local”.

Por lo tanto, la Argentina este 2026 tiene una proyección de ingresos de divisas por 35.000 millones de dólares, si es que no se desatan mayores conflictos que impacten en los precios de los commodities; el mercado interno con transformaciones sociolaborales profundas, una industria condicionada por el flujo de importaciones y la caída del salario que no logra reactivar la economía. Se fracturó el consumo: está a dos velocidades, uno del 20% más rico y otro del 20% más pobre. Ambos consumen bienes y servicios, pero de distinta calidad.

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